
A pocos kilómetros de Chimbote, luego de un corto viaje por una carretera asfaltada, se llega a los escombros de lo que hasta hace un tiempo -no más de 50 o 60 años- era un precioso vestigio: un enorme edificio precolombino, que mostraba en sus paredes varias de las más hermosas e importantes pinturas murales de la cultura Moche. El lugar se llama Pañamarca. Y hoy es sólo la ruina de una ruina.
"Quien visita el lugar con un libro en la mano", escriben Duccio Bonavia y Cristóbal Makowski en un artículo publicado en el segundo número de la revista Íconos, "podrá pensar que todo lo que allí se muestra es una fantasía de los arqueólogos pues ya no queda nada para atestiguarlo. Las pinturas de Pañamarca siguen siendo recordadas sólo por los especialistas, pero para la memoria colectiva ellas han sido olvidadas y acaso se piensa que no existieron nunca".
El caso de estas ruinas, a pesar de ser sumamente dramático, es sólo uno de los tantos ejemplos de cómo el rostro de nuestro pasado, se va perdiendo, desdibujando u olvidando. Pañamarca, pues, nunca fue objeto de un proyecto arqueológico integral (esto es más grave aún si consideramos que tiene bastante más de medio siglo de descubierto), y, desafortunadamente, gran parte de toda la riqueza informativa que contenía se ha perdido para siempre. Sin embargo, Bonavia y Makowski -los autores del artículo mencionado- han emprendido una minuciosa investigación, siguiendo los rastros de los arqueólogos que desde fines de la década del treinta, por motivos que no alcanzamos a comprender, recorrieron el lugar y observaron la fragilidad de los hermosos trazos mochicas sin detenerse a realizar un análisis serio, profundo, o al menos sólo una estrategia de conservación del monumento.
Así pues, por lo menos a un nivel teórico no todo se ha perdido. Bonavia y Makowski, tomando como punto de partida las fotografías, los apuntes y los bocetos de quienes estuvieron de paso por el lugar (Julio C. Tello, entre otros) han elaborado un supuesto que echaría luces no sólo sobre el arte de una de nuestras más importantes culturas prehispánicas, sino sobre su compleja idiosincracia y su mecanismo social. Escribe Makowski: "las pinturas y los relieves mochicas estarían concebidos como un medio de narración equivalente al texto escrito". Y más adelante contniúa: "gracias al reconocimiento de esta estructura narrativa fue posible encontrar los códigos visuales manejados por los mochicas, e intentar con éxito la reconstrucción de las secuencias ceremoniales así como de las historias míticas". (D.O.)
Tomado del Suplemento Dominical de el diario El Comercio, Lima, domingo 24 de octubre de 1999. Pagina 11.
lunes 24 de diciembre de 2007
En busca del Arte perdido (Pañamarca)
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Wolfcat
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Etiquetas: Arte Perdido
viernes 7 de diciembre de 2007
Hallan perros momificados en Perú
Un equipo de arqueólogos ha descubierto en Perú los restos momificados de más de 40 perros enterrados junto a sus amos con mantas y comida. El descubrimiento se logró durante una excavación de dos de los enclaves de los Chiribaya, que vivieron en el sur de Perú entre los años 900 y 1350 de nuestra era.
Los expertos afirman que esta forma de enterrar a los perros confirma que los miembros de esta cultura creían que estos animales gozaban de una vida después de la muerte. El único precedente similar que se conoce de esta costumbre es en el Antiguo Egipto, donde se momificaba a los gatos junto a sus amos.
Cientos de años antes de la llegada de los europeos a América del Sur, la civilización Chiribaya valoraba tanto a sus perros que se les enterraba junto a los miembros de la familia de sus amos muertos, con abundante comida, agua y prendas con las que protegerse del frío, según informa la BBC.
Los perros, de una raza denominada pastores de Chiribaya -similares a un pequeño labrador, de hocico mediano, y pelo largo y beige-, fueron utilizados para cuidar los rebaños de llamas. Los biólogos del equipo arqueológico han desenterrado los restos de más de 40 perros que se momificaron con el paso del tiempo en las arenas desérticas y de ambiente muy árido del valle de Ilo, en el zona sur de Perú. Ahora, los biólogos están tratando de averiguar si los perros descubiertos pertenecen a una raza extinguida, autóctona de América del Sur.
Perú tiene numerosas razas de cánidos, algunas de ellas autóctonas, que han sobrevivido hasta nuestros días. Se piensa que los perros desenterrados comparten su ADN con algunas de estas razas del sur de Perú.
Cientos de años antes de la llegada de los europeos a América del Sur, la civilización Chiribaya valoraba tanto a sus perros que se les enterraba junto a los miembros de la familia de sus amos muertos, con abundante comida, agua y prendas con las que protegerse del frío, según informa la BBC.
Los perros, de una raza denominada pastores de Chiribaya -similares a un pequeño labrador, de hocico mediano, y pelo largo y beige-, fueron utilizados para cuidar los rebaños de llamas. Los biólogos del equipo arqueológico han desenterrado los restos de más de 40 perros que se momificaron con el paso del tiempo en las arenas desérticas y de ambiente muy árido del valle de Ilo, en el zona sur de Perú. Ahora, los biólogos están tratando de averiguar si los perros descubiertos pertenecen a una raza extinguida, autóctona de América del Sur.
Perú tiene numerosas razas de cánidos, algunas de ellas autóctonas, que han sobrevivido hasta nuestros días. Se piensa que los perros desenterrados comparten su ADN con algunas de estas razas del sur de Perú.
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Etiquetas: cortarrama, cultura, notas, perro momificado, peru, retazos de cultura, talara
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